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El 11 de marzo pasado se cumplieron dos años del día en que la Organización Mundial de la Salud declaró a la enfermedad por COVID-19 como una pandemia. Su impacto en el mercado laboral ha sido enorme, y provocó la adopción de nuevas tendencias, muchas de las cuales han llegado para quedarse.

El teletrabajo, la adopción de protocolos específicos en todos los ámbitos de la actividad económica, y esquemas más flexibles y dinámicos adaptados a las necesidades de cada sector, ya son realidades que, en mayor o menor medida, se han incorporado.

Para esta nueva realidad, ¿qué competencias resultan las más requeridas en los perfiles de los postulantes?  “La combinación de saberes técnicos, y especialmente digitales, con habilidades vinculadas con lo conductual y lo emocional será una cualidad muy valorada e imprescindible para desenvolverse en el nuevo escenario laboral”, asegura el director del Servicio de Empleo AMIA (SEA), Ernesto Tocker, a la hora de responder qué profesionales requerirá el mundo post pandemia.

“Serán muy valoradas aquellas personas capaces por sí solas de resolver y solucionar las dificultades que se presentan. En este sentido, tendrán una mayor relevancia las capacidades llamadas blandas, como la capacidad de comunicarnos asertiva y eficazmente, de lidiar con imprevistos o de actuar desde una visión integral y abarcativa para brindar las mejores respuestas”, advierte Tocker.

Desde el SEA elaboramos una lista con las principales razones por las cuales las siguientes habilidades tendrán una alta demanda en el mercado laboral:

Flexibilidad: La pandemia nos desafió a aprender a manejar expectativas y emociones, a barajar y dar de nuevo ante los planes que teníamos pensados y que chocaron contra la realidad. La rigidez es inútil para actuar en este escenario cambiante. Ser flexibles ayuda a adaptarse rápido a los cambios y actuar en consecuencia.

Autorregulación: Las nuevas rutinas de teletrabajo nos obligan a ser disciplinados, a aprender a manejar el tiempo, a establecer límites, a trazar objetivos diarios y evaluar luego resultados.  La iniciativa propia es fundamental cuando se trabaja en casa y la cuestión presencial ya no impone por sí sola su dinámica.

Aprendizaje continuo: No hay organización ni empresa que no haya modificado su aspecto operativo. Sin previo aviso, fue necesario aprender nuevas formas de hacer las cosas porque las recetas conocidas dejaron de ser efectivas. Este período de confinamiento obligó a incorporar nuevos saberes, aprender nuevas tecnologías, sumar nuevos insumos para hacer frente a la nueva realidad. El aprendizaje continuo será una constante.

Trabajo en equipo: Saber pedir ayuda y apoyarse en otros hoy resulta tan esencial como demostrar cooperación ante el equipo. En este sentido, es fundamental el autoconocimiento porque permite identificar fortalezas y puntos de mejora, para saber en qué puedo contribuir generando valor y en qué necesito puntos necesito colaboración.

Mirada integral: La realidad nos enseñó que todos podemos contribuir, desde nuestro lugar, a aportar soluciones, si tenemos la capacidad de poder ver el todo, de desplegar una mirada sistémica que dé sentido a nuestro aporte particular dentro de un escenario más amplio. En estos tiempos, la respuesta que se necesita puede provenir de cualquier nivel de la organización

Orientación a resultados: Enfocarse en el objetivo a cumplir resulta hoy una competencia clave para el trabajo. Tener en claro la meta contribuye a la eficiencia. Para ello, se requiere de una adecuada planificación.

Manejo de las emociones: Saber controlar y encauzar miedos, ansiedades e incertidumbres es una habilidad que hoy marca la diferencia. Desarrollar la resiliencia y contar con herramientas para manejar el estrés son capacidades necesarias que serán cada vez más valoradas.

Comunicación eficaz: Junto con el poder de escucha y la empatía, la capacidad de transmitir mensajes claros y precisos de manera asertiva resulta una cualidad cada vez más relevante en este nuevo escenario.

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